Otoño es siempre una estación complicada. Comienza a vislumbrarse el final de año y también a prepararse el siguiente, con el trabajo que eso conlleva. Para las administraciones lo es también porque se empiezan a perfilar los presupuestos y el debate en el Congreso tiene este año muchas cosas que aclarar.
Se podría empezar siendo optimistas al comprobar cómo las cuentas generales del Estado para 2010 no han venido con un recorte en las partidas de dependencia, como anunció este verano el Secretario de Estado de Economía. Al final, esta cuantía aumenta, pero no sabemos si lo suficiente como para hacer frente a los retos que hay por delante. No hay que olvidar que las autonomías y los ayuntamientos están ahogados financieramente y la atención a la dependencia es una prestación tan imprescindible como cara.
Tenemos también encima de la mesa el asunto del incremento de un punto porcentual en el IVA que se aplica en las residencias. Desde el sector venimos reclamando que se reduzca al 4%, tal como ocurre en otros países y con servicios que podrían ser similares a los nuestros. Lejos de esto, nos hemos encontrado con la mencionada subida, que repercutiría de una forma muy negativa sobre los operadores, al retraer a muchas familias por la carestía de los servicios.
Las patronales ya han hecho llegar su oposición a esta medida a los principales grupos políticos, habiendo compromiso por parte de algunos de ellos a proponer una modificación. Habrá que ver la capacidad de negociación del Gobierno y, sobre todo, su disposición a escuchar a un sector que lleva muchos años arrimando el hombro, incluso en momentos de dificultad como los actuales, con la crisis afectando en todos los niveles.
Pero este debate otoñal aún deparará más noticias. Por ejemplo, comprobaremos si el Gobierno es finalmente sensible a las peticiones de los Ayuntamientos para que parte de los fondos del nuevo Plan E se puedan destinar al pago de servicios (entre ellos, la atención a la dependencia) y no sólo a financiar obras. Y, por otro lado, otro tema especialmente sensible será si el Ejecutivo decide finalmente no dotar este año el Fondo de la Seguridad Social (más conocido como la “hucha” de las pensiones). Es verdad que el superávit generado durante 2008 permite destinar fondos a partidas sensibles en momentos de crisis. Pero también lo es que no podemos jugar en exceso con el futuro de las pensiones, por lo que la resolución que adopte el gobierno deberá ser muy meditada y, a poder ser, consensuada con la mayoría.