Siempre que me imagino a la nobleza, me viene a la cabeza la imagen de alguien mayor sentado en un salón decorado en estilo decimonónico, leyendo un libro de tapas de piel repujada de esos que llevan muchos años reposando en una biblioteca con chimenea. Si me acerco, atisbo que el libro es In memoriam, de Alfred Tennyson y, si me aproximo aún más, puedo leer el verso que capta la atención de mi imaginario noble: “Es mejor haber amado y perdido que jamás haber amado”.
No tengo el gusto de conocer personalmente a ningún Grande de España, pero recientemente me he enterado de una cosa: lo más seguro es que no estarán de acuerdo con ese verso del romántico poeta inglés. Para un noble debe ser peor haber tenido y perdido que jamás haber tenido. Y llego a esa conclusión después de leer que se acaba de autorizar la Fundación Marquesa de Balboa para Ancianos Solitarios Venidos a Menos “que tiene por finalidad atender y cuidar a pobres vergonzantes y ancianos solitarios venidos a menos, que vivan solos o en condiciones precarias, con su familia o con personas a quienes también estorban, o en residencias que tienen deficientes condiciones de higiene y en donde, además, les traten mal, atendiendo primero a las mujeres, y preferentemente a las que tuvieron una buena posición, con preferencia a las personas de la condición social que tuvo la extinta Excma. Sra. Marquesa de Balboa, que necesitan ayuda y no se atreven a solicitarla o no lo consiguen” (según el BOE).
Cuando leo los estatutos pienso: qué bien hubiesen recibido esta fundación los hidalgos del Siglo de Oro venidos a menos. Me imagino al buscón de Quevedo, que se esparcía migas por la barba para poder sacudírselas en la calle dando la sensación de haber comido cuando su indigencia le impedía hacerlo. Cómo les hubiese gustado a ellos poder acudir a una fundación que les pudiese ayudar a escondidas y sin herir su honra. Supongo que eso de la Ley de Dependencia le debía sonar como algo extraño y lejano a la difunta Marquesa de Balboa. Quizás lo consideraba como algo vergonzoso o “no para los suyos”. Me parece muy bien que una persona sin descendencia dedique una parte de su patrimonio a apoyar a los que para ella necesitaban más ayuda. Otra cosa es que la presidenta de la Fundación sea la Princesa Letizia.
Eso no me parece bien. Pude ver a la Princesa clausurando el Congreso Internacional de Calidad en la Atención a la Dependencia hace unos meses y no me parece compatible que la Familia Real apoye la modernización y la mejora de nuestro sector con la presidencia de una fundación que habla de residencias sucias donde se trata mal a los mayores. Quizás la princesa ni siquiera sabe que preside esa fundación, pero seguro que tiene algún asesor que ha dado el visto bueno. Es a él o a ella a quien alguien debería llamar la atención. A la espera de esa reprimenda me pregunto ¿Es mejor haber amado y perdido que jamás haber amado?