Cuando escribo estas palabras está a punto de iniciarse la Cumbre de Copenhague sobre Cambio Climático. Sería muy buena noticia para nosotros –y para futuras generaciones– que, en dicho encuentro, los mandatarios internacionales alcancen un gran consenso que sirva para prevenir los efectos del cambio climático e iniciar la senda de un progreso económico sostenible y lo menos contaminante posible.
Pero los gobiernos no lo son todo, porque el esfuerzo por preservar nuestro medio ambiente está en manos no sólo de los gobernantes o de los expertos sino también de las empresas y de los ciudadanos a título individual. Desde hace años estamos asistiendo al esfuerzo sistemático por concienciar a la sociedad acerca de la necesidad de ahorrar energía y de ser respetuosos con el medio ambiente. Las empresas, en el marco de las políticas de responsabilidad social, están también llevando a cabo numerosas iniciativas a este respecto. Y en este marco, desde el sector residencial también podemos aportar nuestro granito de arena.
Las residencias de mayores son lugares que están operativos las 24 horas del día, los 365 días del año, con lo que ello supone de consumo energético. Valga como ejemplo el dato aportado recientemente por el Gobierno de Navarra, según el cual las residencias consumen aproximadamente el 30% del gasto total de energía de esa comunidad. Luz, gas, agua… Es nuestra responsabilidad hacer un consumo eficiente de estos recursos, compatibilizándolo, por supuesto, con el máximo confort de nuestros usuarios.
Varias administraciones han publicado informes con medidas que pueden contribuir a ese consumo energético responsable en los centros de mayores. Medidas como la concienciación de trabajadores, residentes y familiares, con gestos tan sencillos como apagar las luces cuando no se están utilizando, o no dejar caer el agua del grifo más allá de lo necesario, o racionalizar el empleo de la lavandería como ya se hace, por ejemplo, en los hoteles. Pero medidas también como el uso responsable de la calefacción y del aire acondicionado, la siembra de plantas de bajo consumo de agua en los jardines de los centros, la utilización de energías alternativas, como la solar, con la instalación de placas en las residencias, o la sustitución de bombillas tradicionales por lámparas de bajo consumo, entre otras muchas.
El conjunto de todas estas pequeñas acciones que podemos llevar a cabo en el día a día de nuestros centros contribuirá también de forma decisiva a proteger nuestro medio ambiente. Y es nuestra responsabilidad llevarlas a cabo.